Xintulo es un pequeño perro xoloitzcuintle de piel suave grisasea y cálida, ojos color madera y con un par de mechones de pelo blanquecino en la cabeza y el punta de su colita.
Xintu, como le decían de cariño sus cercanos, vive a las afueras de Tenochtitlán (a mediados de 1470). En un pequeño islote de arena y gravilla muy pequeño para haber llegado a ser un recinto importante, pero lo suficientemente amplio para una pequeña casa de bajareque y un árbol joven y chaparro de Ahuehuete. Lugar donde a Xintu le gusta dormir y pasar las tardes porque el arbol filtraba el sol en pequeños rayos y nunca era demasiado caliente o frio; claro, después de haber jugado durante todo el día y saltar entre acallis y chinampas.
Entre sus pequeñas aventuras en la ciudad flotante, le gustaba correr de una calzada a otra, llegar de un templo a otro y subir y bajar por sus largas escaleras, rondar por el tianguis pidiendo tortillas con sus monerías y ojitos tiernos y perseguir y jugar con alguna lagartija o ratoncillo que le pedía amablemente si querían jugar a las traes. También le gustaba observar los rituales donde los humanos participaban , bailando, comiendo y cantando, o estar muy atento a los juegos de pelota que se celebraban de vez en cuando. Pero nunca vio y nunca quera ver, aquellos rituales y juegos que terminaran con sacrificios o cuando los humanos más jóvenes partían de la ciudad armados. Tal vez porque era muy pequeño Xintu, pero esto le asustaba. Siempre que un ritual consistía en ello, mejor salia corriendo de vuelta a su lugar favorito, bajo el Ahuehuete a observar a las hormigas u otros insectos.
Algo que quizás sello su destino sin que el lo supiera, es que le encantaba posarse a las orillas del islote y admirar como el cielo
viajaba de sol a luna, admirar como las estrellas aparecían en el firmamento, como las antorchas de la ciudad se encendían y reflejaban los templos y casas sobre el lago hasta que los sonidos se calmaban, cuando ya solo los grillos, los vientos y el lago por fin se escuchaban, y de esa forma terminaba sus días el joven perrito, hasta que sus ojos comenzaban a soñar.
Una mañana, cuando Xintu aún dormía bajo el Ahuehuete; de la casa salio uno de sus dueños con lagrimas en sus mejillas. Un miembro joven de aquella casa no pudo volver al hogar con vida. Recuperaron al joven pero ya sin aliento. Xintu fue seleccionado para un deber muy importante, guiarlo en el Mictlán. Con miedo, acepto.
Cuando la tierra lo cubrió y la tierra se abrió, Xintulo cayó al Mictlán, una caverna con un rio bajo la tierra donde en la mañana la luna se esconde. En una acalli flotando sobre la helada agua, alguien que un perro xoloitzcuintle jamas imagino llegar a conocer se encontraba. El dios Xolotl, el creador de estos perros estaba ahí listo para llevarlo no muy lejos realmente.
La deidad calmo a Xintu, le comento que ha sido un gran regalo para sus humanos y para todos los humanos y animales que se han cruzado en su vida y ademas, su fascinación por ver al mundo irse a dormir, fue seleccionado para una gran misión.
Cuando el rio se termino, en una playa donde gotas caen sobre la gravilla y reverberaba como en cántaros al raso, donde cada pisada se arrastra barriendo piedras al flotar. Xolotl le presento a Xintulo al señor de las noches, los nueve señores de un solo rostro, el dios de los sueños Yohualtecuhtli y a la guardiana onírica y guía de los muertos de un mundo a otro el dios Xoaltentli.
La trinidad le comento a Xintu, que fue seleccionado para un deber muy importante, un deber que solo un perro guiado por la curiosidad y el amor puede lograr. Xintulo fue seleccionado para ser el guía de los sueños. Que muchos adultos, animales, niños y niñas, han terminado sus días con risas y carcajadas por convivir con Xintu, creando recuerdos que jamas van a olvidar y yendo a dormir terminando con un gran día gracias a el.
Xolotl arranco un solo pelo de su cabecita, Yohualtecuhtli tomo una concha del rio y la ato al pelo y Xoaltentli soplo sobre la concha del rio. Los dioses juntaron sus manos sobre este objeto, le pidieron a Xintu que cerrara los ojos y un collar se poso en su cuello. Un collar con el cual podrá entrar a los sueños para guiar a las mentes inquietas, espantar las pesadillas y acompañar a los niños y niñas en sus sueños. Yohualtecuhtli, le pidió que por favor se enfocara en estos últimos primero, para que no lleguen mas jóvenes al Mictlán con sueños rotos y con pesa dillas como propósitos.
Xintulo abrió sus ojos y nuevamente estaba bajo el Ahuehuete que deja pasar cálidos rayos de sol. Con un collar al cuello y con un deber, espero a que el sol termine su viaje, para que en la luna el suyo comenzara. Ser el guía de los niños.
